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La pareja que trajo a Madrid la revolución del teatro infantil
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Por mens

  • 25/08/2022
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La pareja que trajo a Madrid la revolución del teatro infantil

Cuando era niña, Pury Estalayo jugaba con las pinzas de la ropa imaginando que eran alumnos y ella su maestra, y usaba la ventana de la cocina, inundada en vaho, como pizarra. Quizá por eso estudió Pedagogía. Cuando estaba en la universidad, un curso sobre expresión corporal y teatro le recorrió el cuerpo. Quizá por eso, su futuro está ligado hoy a la infancia como educadora pero también como artista. Algo parecido le ocurrió a Daniel Lovecchio, porque su currículum revela que es pedagogo y que cuenta con una formación musical... El día que ambos se encontraron en Madrid (ella es cántabra y él argentino) surgió un nuevo concepto teatral en la capital (y algo más, porque hoy son matrimonio): crearon el primer centro dramático para la infancia y la juventud bajo el nombre de Teatro Tyl Tyl.

En Navalcarnero, en una calle peatonal junto a la plaza del pueblo levantaron hace 26 años un espacio pionero -que es un teatro pero también es mucho más que eso- que fue y es referencia. Con su luz y color, con sus lunas, soles y estrellas, con sus sirenas y su alocada Gioconda con gafas. Aunque el germen de aquello se remonta a años antes.

Herederos de ese movimiento de renovación de la pedagogía y del arte que se gestó a finales de los 70 y principios de los 80 en Madrid, crearon la compañía Tyl Tyl nueve años antes con el ideario de que a través de la educación, el arte y la cultura se puede construir un mundo mejor. A través de ella, promovieron un teatro sonoro (ligado a la música, al movimiento, a los instrumentos) que ellos mismos iban creando y descubriendo cada día. En ese trabajo de investigación surgió la necesidad de hallar un espacio donde seguir realizando esa labor. Los viajes de intercambio que realizaron por Europa (Bélgica, Francia e Italia) fueron inspiradores, porque allí pudieron ver con sus ojos esa idea de teatro que sus mentes ya habían imaginado. Y en 1995 nació el centro dramático.

Un teatro que es cuatro en uno

La pareja que trajo a Madrid la revolución del teatro infantil

Dio a luz con varias ramas, porque la obsesión era convertirse en algo más que un simple teatro. "Tyl Tyl es un centro permanente de investigación, donde distintos profesionales (arqueólogos, médicos, psicopedagogos, biólogos...) hablan sobre temas fundamentales para el desarrollo de la infancia sobre lo que puede aportar el arte", explica Estalayo. También, "es un centro de producción, donde se crean espectáculos dirigidos a familias y educadores", "un centro de exhibición, con un programa estable para niños" y, por último, "un centro de formación, porque funciona como escuela" para chicos de entre los 3 y los 18 años, añade.

Y sus cifras atestiguan esa labor. En estos años, han producido más de 50 espectáculos, han exhibido centenares de obras nacionales e internacionales (acogiendo también festivales como Teatralia -que Estalayo dirigió durante seis años-, Madrid en Danza o Surge Madrid) que han visto 10.000 espectadores cada temporada y han formado a más de 100 niños cada año, además llevar a cabo ese extenso trabajo de investigación que es clave, insisten, de todo lo demás.

"Tyl Tyl es un lugar que está vivo. Cada año ponemos en marcha cosas nuevas", comenta Estalayo, emocionada al volver a pensar en el camino recorrido. "El arte para la infancia se considera menos importante que el de adultos y a nosotros siempre nos ha parecido lo contrario. El mimo y el cuidado en edades tempranas es fundamental", añade la dueña de este espacio, que cuenta orgullosa como algunos de sus antiguos alumnos forman parte hoy de su equipo, incluyendo su hija Nerea. "El mejor legado", dice.

Su dedicación es tal (dirigen, actúan, crean, escriben, dan clases...) que ninguno de los dos imagina una vida diferente. "Trabajar con la infancia como artista y educadora ha marcado y sigue marcando toda mi trayectoria. Es un motor, una misión profesional", desliza Estalayo. "Me siento atravesada por lo que me da cada niño. Doy lo mejor de mí en cada actuación, añade. "Es una profesión esclavizante, pero es mi vocación", apunta también Lovecchio, "fascinado" cada vez que sube al escenario. Y así seguirán aunque peinen canas, buscando la "salud integral del ser humano" que es ley en Tyl Tyl.


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