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Yolanda Díaz: "Me da miedo despertar demasiadas expectativas"

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Llega 45 minutos tarde a la entrevista porque viene de una reunión interna sobre la reforma laboral. Un asunto que ha tensionado la relación con la vicepresidenta Nadia Calviño. Y el día anda agitado por la columna de opinión que ha publicado Iván Redondo en la que vaticina que puede ser la próxima presidenta de España. ¿Le hace un favor o todo lo contrario? «Ni lo uno ni lo otro, mejor ignorarlo», dice. Sonríe. Anda centrada en la creación de una plataforma de izquierdas que zanje lo que Iglesias (y la testosterona, opina) no logró culminar. Si no sale, se marcha. Quizá a su tierra, a Ferrol, donde la espera su padre. El más crítico con ella, reconoce.

PREGUNTA. Llegó usted al Gobierno casi sin esperarlo. ¿Qué es lo que más le sorprendió y lo que ha aprendido en estos casi dos años?

RESPUESTA. Lo que he descubierto es que sí se puede cambiar la vida de la gente desde el Gobierno. Con la gestión que hemos hecho de la crisis hemos podido salvar al país.

P. Hace dos años era una política casi desconocida. Hoy es muy popular. ¿A qué atribuye su buena valoración en los sondeos?

R. No lo sé, tampoco hago caso a las buenas valoraciones.

P. Un poco sí que les hará caso...

R. El hecho de ser gallega influye mucho. Si estuvieran aquí Ana Pastor, que es del PP, o Pilar Cancela, del PSOE, se sentirían reflejadas. Somos más prudentes y no nos gusta el ruido en general. A mí lo que me interesa de las encuestas es que estamos ante una brecha desconocida de distancia entre los políticos, las políticas y la ciudadanía, más alta incluso que en el 15-M. Y a mí esto me preocupa. Algo estamos haciendo mal. También me gusta estudiar los indicadores de contenido social, en los que los políticos no se suelen detener. Me siento muy querida, voy sin escoltas por la calle, hago vida normal y no recibo más que cariño. Eso sí es bonito, te da ánimo y fuerza. Todo lo demás es muy relativo.

P. Habla de brecha... ¿Hasta qué punto el retroceso de los partidos que recogieron el espíritu del 15-M es responsable de esa decepción con la política?

R. Lo que debemos demostrar es que la buena política es posible. Estoy todo el día dialogando y pactando con personas que no piensan como yo. Pero me preocupa ir al Congreso de los Diputados y ver que no hay propuestas ni debates, solo ruido y una ristra de insultos. Mis amigas me hacen llegar que es un bochorno, y no me gusta que mi hija vea ese espectáculo. Creo que la ciudadanía quiere escucharnos, pero para ello hay que tener propuestas políticas. Yo no estoy nada de moda porque hablo de temas de fondo...

P. ¿No teme que le pase lo mismo que a algunos políticos que fueron muy populares, pero no en votos? Rosa Díez, Albert Rivera...

R. O Julio Anguita. Mucha gente me hace llegar su cariño, y quiero manifestar mi agradecimiento, pero no me creo nada.

P. ¿Cree usted estar despertando demasiadas expectativas?

R. Me da miedo, porque soy un ser humano muy pequeñito y no tengo partido. Puedo estar en la mesa del diálogo social, discutiendo sin dormir y cediendo como cede todo el mundo. Eso me apasiona, pero relativizo bastante el resto de las cosas. Un día me dijo un empresario, y no voy a decir quién: «Queremos más ministros como usted porque es la que menos política hace del Consejo de Ministros, y esa es la mejor manera de hacer política». Me quedé impactada, pero te indica un poco lo que quiere la gente.

P. Iván Redondo pronostica que usted puede ser presidenta del Gobierno. ¿Quiere serlo?

R. No.

P. Vaya, muchas personas se van a llevar un chasco...

R. Todo el mundo sabe que no quería ser ministra ni vicepresidenta, y al final lo fui. Yo no elegí estar aquí. Mi vida ha cambiado mucho y ahora mismo no estoy en esas. Si me fuera a presentar a las elecciones y tuviera esa vocación, lo diría públicamente, porque la ciudadanía tiene derecho a saberlo. Es verdad que en el acto que organizamos en Valencia todo el mundo estaba muy feliz, pero yo me iba escondiendo en el sofá, abrumada...

P. Entonces cuando Pablo Iglesias o Iván Redondo dicen que usted será presidenta, ¿es que la quieren mucho o pretenden presionarla?

R. Tengo perfil propio y estoy en otra cosa. Los respeto mucho. También han dicho que se pueden convocar elecciones en el año 22, pero creo que la ciudadanía no gana nada y no las quiere, prefiere que agotemos el mandato y resolvamos sus problemas.

P. ¿Nos confirma que Iván Redondo no trabaja para usted?

R. Eso es evidente. Bastante evidente.

P. ¿Tienen algún contacto o le gustaría tenerlo?

R. No, ninguno. Y agradezco la pregunta. Tengo el mismo equipo desde hace mucho tiempo, soy bastante conservadora en estas cosas y no me gustan mucho los cambios.

P. ¿Le pesa que fuera Pablo Iglesias quien la designara a dedo para coordinar a los ministros de Unidas Podemos?

R. Agradezco a Pablo y al presidente que hayan confiado en mí, pero trabajo y hago las cosas de otra manera. Yo no quería ser vicepresidenta del Gobierno, lo sabe toda España.

P. ¿Cómo es su relación con los ministros y ministras de Unidas Podemos?

R. Normal. Conozco a Pablo desde hace muchos años y somos amigos, y la relación con las ministras seguramente sea diferente, porque son más jóvenes, pero me llevo muy bien con todo el mundo. Todas tenemos culturas y maneras distintas de hacer las cosas y, aunque no me gusta comunicar los matices a través de los medios, sí soy una gran defensora de que se conozca la posición que tiene cada uno. En el Consejo de Ministros los debates no van por parroquias: ni todas las de Unidas Podemos pensamos lo mismo, ni todos los del PSOE lo hacen. He vivido todo tipo de situaciones.

P. La interpretación general, tras el acto en Valencia sin las ministras de Unidas Podemos, es que usted no quiere saber nada del partido...

Yolanda Díaz:

R. Voy a muchísimos actos con Ione Belarra, con Irene Montero... Es verdad que ese nos superó y aún estoy impactada, incluso intranquila por lo que vi allí, con tanta gente que no pudo entrar. Estoy como desbordada. Todo eso es presión, es responsabilidad, y hay gente a la que le encantará, pero yo lo digiero peor.

P. ¿Ione Belarra e Irene Montero formarían parte de ese frente amplio que usted está impulsando?

R. Creo que esto no va de Yolanda Díaz, ni de Ada Colau, ni de Íñigo Errejón, ni de Irene Montero, ni de Pablo Iglesias. Lo importante no es el quién, es lo que vamos a hacer. Estamos trabajando con normas del año 85, de los 90, y hemos vivido una gran transformación en el siglo XXI. Lo que quiere la sociedad española es que avancemos más allá de las fronteras ideológicas en temas clave como el cambio del modelo productivo, la economía circular, el cambio climático... Pienso en mis amigas, ingenieras, procuradoras, abogadas, que me escriben para criticarme cuando el Gobierno no hace las cosas muy bien: si las convoco para una reunión partidaria es probable que no les seduzca la idea, pero si lo hago para hablar de cómo industrializar España, sí. La buena política es que nos entendamos aunque pensemos distinto.

P. ¿Y se entiende bien con Pedro Sánchez?

R. Sí, tengo una magnífica relación con el presidente y le estoy muy agradecida. Todo lo que he hecho ha sido con su complicidad y entendimiento: 24 real decretos, 28 órdenes ministeriales, 16 normas... Yo ya soy mayor y sé que en la política las relaciones personales son a veces más importantes que las otras.

P. ¿La polémica de la reforma laboral no cambió nada esa relación?

R. Nada. He negociado con el presidente la reforma laboral en dos ocasiones, y no porque él tuviera una opinión diferente a lo que planteamos nosotros. Estamos presentando un proyecto bastante ambicioso en cuanto a la temporalidad, que es un tema delicadísimo en un país con sectores productivos estacionales como la construcción, el turismo o la agricultura. Pero el presidente comparte esa hoja de ruta. Me sorprendió mucho este debate. Es verdad que no todo el mundo piensa igual en el Consejo de Ministros, y hemos discutido muchas veces la reforma laboral. Si hay que volver a hacerlo, se hace, no hay ningún problema.

P. Esa polémica empezó con un tuit de la ministra de Asuntos Sociales pidiendo una reunión de la mesa de seguimiento del pacto de Gobierno...

R. No es verdad.

P. ¿Cómo fue entonces?

R. Cuando recibo el correo electrónico [de la vicepresidenta Nadia Calviño exigiendo estar presente en la negociación de la reforma laboral], llamo con urgencia a Presidencia y manifiesto que hay un problema. Ahí se convoca formalmente la mesa de los partidos de la coalición.

P. ¿Cuál era el tono de ese correo?

R. Bueno, el tono, en fin... Nunca había recibido un mail de estas características. A mí me gustaría que los periodistas pudieran acceder a la mesa del diálogo social, allí trabajan los equipos técnicos sin discutir de política. Creo que el diálogo social funciona muy bien en este país, aunque a veces no se llegue al acuerdo. El FMI, la OCDE o la OIT nos señalan como ejemplo en este sentido.

P. Pero entonces, ¿cuál es la discrepancia con la vicepresidenta primera?

R. Le tengo muchísimo respeto. Es verdad que tiene concepciones diferentes, pero en el debate del salario mínimo hubo todo tipo de interpretaciones (y no voy a desvelar nada, ni quiero, ni debo). De todas formas, creo que estamos demostrando que, con mucho cuidado, esta política de rentas diferente está ayudando al país. Hoy tenemos menos jóvenes parados que cuando llegué al Gobierno y más afiliados en el RETA, mientras que en la crisis anterior perdimos 551.000 autónomos. Pero esto no es un logro del Gobierno de España. Es que el diálogo social lo ha hecho posible, y también han trabajado conmigo todas las CCAA. ¿Esto quiere decir que las cifras son buenas? No, son malas, son muy malas. Y queda todo por hacer.

P. Dijo que sabía que no se podía derogar la reforma laboral...

R. Pagué un coste por decir que no se podía derogar. Pero, fíjate, un día hablando con el presidente de la CEOE le dije «desmontaje» y me contestó que casi era peor que derogar. Lo importante es que vamos a cumplir el acuerdo político.

P. El IMV no funciona, los desahucios continúan, más del 20% de la población está en riesgo de pobreza, según las ONG, y la ley de vivienda no parece que vaya a bajar los precios del alquiler. ¿Qué le puede decir a los votantes que no ven los frutos de todas las políticas por las que ha peleado?

R. Creo en una política para que mi país sea como Europa, con salarios decentes. Os invito a que veáis cuántos salarios en España hay superiores a 4.000 euros. Poquísimos. Ahora bien, no debemos ligar en este punto la subida del salario mínimo al IPC. Lo que tengo muy claro es que me levanto muy temprano todos los días con los datos de paro y, lejos de sentirme derrotada, tengo un estímulo más. Cuando estaba en el turno de oficio y pasaban hechos luctuosos me dijo un forense: «Tienes que aprender que hay gente mala que mata. Y que las leyes no lo pueden cambiar todo». Esto es un baño de realidad. Sé muy bien que los grandes cambios vienen poco a poco.

P. ¿Tiene algún familiar en paro?

R. Sí, vengo de Ferrol, imagínate, de una ciudad que sabe lo que ha sido la mal llamada reconversión industrial y que hoy tiene enormes dificultades. Yo nunca he estado en el paro y llevo trabajando desde jovencísima. Pero conozco a muchos familiares y tengo grandes amigos y amigas. Esto hace que no me distraiga nunca.

P. ¿Le han reprochado algo?

R. Me reprochan todos los días. Mi equipo, la gente por la calle...

P. Me refiero a esos familiares o amigos...

R. Mi padre es el peor de todos, pero eso es lo bueno. Hay cosas que funcionan y otras que no. Y no pasa nada por reconocerlo.

P. Ahora que habla de su padre, hemos leído una entrevista en 'Público' en la que dice que sin partido no hay nada que hacer...

R. ¿Eso dice mi padre? [ríe]. Sé muy bien lo que quiere decir. Sé perfectamente que el reto que tengo es mayúsculo, pero también sé que es apasionante. Lo que quiero, con todo el cariño, es que este Gobierno culmine la legislatura, que cumplamos con los proyectos que hemos presentado a la sociedad española. No quiero distraerme. Cuando lleguen las elecciones ya veremos. Soy muy consciente de que es muy difícil hacer las cosas sin partido, pero también es verdad que creo que la protagonista tiene que ser la sociedad española. Se pone siempre el foco en los partidos, y a veces son un obstáculo brutal. Ahora quiero abrir un proceso de escucha. No sé cómo va a acabar esto, soy honesta. Si no sale, me voy a mi casa, a mi profesión, y bienvenida sea.

P. El acto de Valencia recordó al primer Podemos, sus dirigentes se abrazaron y presumieron de que se querían, y mire cómo acabaron. ¿Cree que una segunda parte puede acabar bien y que se puede unir todo lo que se separó?

R. Fíjate en el debate que hay en el PP. ¿Le aporta algo a la sociedad española? A mí no.

P. Pero eso es un hecho, como la destrucción de Podemos. La cuestión es si usted cree que puede conseguir algo que no se consiguió antes.

R. Eso sería por mi parte una enorme soberbia. A mí me encantaría. Lo que sí creo es que hay que ser cuidadosa y muy respetuosa con quien piensa diferente. Creo que la sociedad española no quiere que pensemos igual. Valora cuando recibo al PNV o a Cs y recojo cosas que ellos proponen, porque eso es la política. Y ni yo pierdo ni ellos ganan. Yo no soy pura.

P. Parece que han atribuido un poco el fracaso de Podemos a la testosterona... ¿El cambio vendría por el hecho de ser mujeres?

R. Creo que es clave. Ni en el periodismo las mujeres hacen las cosas de la misma manera, ni en mi profesión, ni en la abogacía. Es verdad que nos cuesta mucho más todo, probablemente porque la vida nos sitúa con unas dificultades que de punto de partida no tienen los hombres. También hay mujeres que son profundamente machistas.

P. ¿Quiere decir que hay mujeres con testosterona?

R. Mucha testosterona. Yo ahí no me siento cómoda. Nunca peleo con una mujer. A mí me van a encontrar siempre defendiéndolas aunque no piensen igual que yo. No pueden prescindir de nosotras porque el talento femenino es la clave en cualquier actividad de la vida. Y tenemos una manera diferente de hacer las cosas. Voy a contar una anécdota: tengo mucha maña peinándome y el pasado día, en el coche oficial en Valencia, Mónica García me vio pasándome la plancha del pelo y me dijo: «¡No me lo puedo creer, te sabes hacer eso!». Automáticamente me puse a peinarla.

P. Esto con Pablo Iglesias o Íñigo Errejón no lo podía hacer...

R. No [ríe]. Dos hombres jamás. Pero es que entre mujeres nos cuidamos.

P. Habla también con tono distinto. Buenas formas, maneras suaves... ¿Es así o ha encontrado la fórmula para que entren mejor las ideas?

R. Soy así. Cuando estaba en la oposición con Feijóo era muy dura, pero las formas no las he perdido nunca.

P. Alguna mala palabra habrá soltado alguna vez...

R. En privado sí, en público lo cuido. Me han enseñado en casa que uno puede y debe pensar diferente, pero cuando pierde las formas, pierde el contenido.

P. ¿Cómo reacciona al leer las crónicas que hablan de «lucha de mujeres» en referencia a usted y a Calviño?

R. Me parece que es una mirada masculina. A dos hombres que están todo el día (y no voy a poner ejemplos) con puntos de vista diferentes en el Consejo de Ministros, ¿les pasa lo mismo?

P. ¿Y esto lo ha hablado alguna vez con ella?

R. Tengo una relación buena con Nadia. Por eso jamás me van a encontrar ahí. Es imposible. ¿Tenemos puntos de vista diferentes? Claro, como tiene todo el Consejo de Ministros. Pero cuando son dos hombres los que tienen matices y diferencias en sus proyectos públicos no aparecen bajo los focos. Por otra parte tampoco les interesa el contenido de la diferencia. Es la rivalidad entre dos mujeres. Ha pasado en la historia. Curiosamente, en el gobierno de Rajoy o de Zapatero, ¿de quién se hablaba? De dos mujeres. ¿Es casualidad? Yo creo que no.

P. Ayuso ganó en las elecciones de Madrid. ¿Fue un aviso para las izquierdas que intenta aglutinar?

R. Siempre reconozco al adversario y cuando este gana, tenemos que trabajar qué hemos hecho bien y qué hemos hecho mal. Esta es la cultura política de la que provengo. He dicho siempre en Galicia, a costa de ser muy polémica, que Alberto Núñez Feijóo era un gran adversario.

P. ¿Ayuso lo es?

R. Yo creo que sí, es evidente. Y el que no lo vea...

P. La imagen es uno de los aspectos más importantes de la comunicación no verbal...

R. Absolutamente.

P. Se percibe una transformación en su indumentaria. ¿Hay algún mensaje detrás, algo que transmitir?

R. Esto no lo comparto. Desde siempre se me ha criticado por la manera de vestir. Porque no soy el prototipo de una mujer progresista. Pero creo que la gente se merece respeto. Cuando iba a los juicios debía respetar a mis clientes y, ahora, en la vida política, lo intento hacer siempre. A mí me gustaría ir en vaqueros, como en el acto de Valencia. Pero si voy al Senado creo que la ciudadanía española se merece ese respeto. La imagen es importante. Lo que estoy ahora es un poco más delgada y más deteriorada [ríe], pero nada más.

P. ¿La toman más en serio?

R. Claro, sí, creo que es normal. No es bueno ni malo. Sobre todo porque no te estás representando a ti misma, estás representando al Gobierno de España, que no es cosa pequeña. Como a Atlas, el mundo me pesa mucho, soy muy responsable.

P. Se ha escuchado alguna vez que le gusta la moda y, sobre todo, los zapatos...

R. ¡Mucho! Igual quedo fatal, pero tengo muchísimos zapatos.

P. ¿Cuántos pares?

R. Muchos, y además tengo los de mi madre. Me vuelven loca. Creo que con unos zapatos chulos y vaqueros puedes ir supervestida.

P. ¿Algún capricho? ¿Un Louis Vuitton como Carmen Calvo?

R. No, no tengo... Casi siempre uso cosas baratas y moda gallega. Recientemente fui a un acto con un vestido de Zara que me costó 30 euros. Llevo de todo, mezclo mucho. Pero me encanta la moda, sí.

P. El carné de comunista, ¿lo tiene impreso?

R. No, pero mi padre fue uno de los luchadores antifranquistas y creo que no tengo vida partidaria. Quizá por respeto a él y a esas personas que creo que hicieron este país mucho más grande. Aquello sí que eran palabras mayores, creo que se merecen un respeto y ya está. Pero no tengo vida partidaria ni nada.

P. Pero ¿qué significa para usted, hoy, ser comunista?

R. Creo que el comunismo, que viene de lo común... Quizás fui polémica, poliédrica, con la relectura del Manifiesto Comunista que escribí. Primero, porque no hay dogmas en un texto que es y que tenía origen panfletario. Y dos, los tiempos cambian y creo que hay una idea que me han enseñado en casa y que comparto a día de hoy, que es el respeto absoluto a los Derechos Humanos y a la igualdad. Creo que no hay un motor más poderoso en la sociedad. Y esto es una tarea incesante, un camino...

P. Me va a permitir, ¿cómo se conjuga el respeto a los Derechos Humanos teniendo en cuenta que hasta el Parlamento Europeo aprobó una resolución condenando los crímenes cometidos por el comunismo, al que equipara con el nazismo?

R. Pero es que yo no soy estalinista. Creo además que el Partido Comunista de España (PCE) se ha alejado de muchas cosas. ¿Ese prólogo fue una heterodoxia? Seguramente. Pero insisto en que, como demócrata, no hay nada mejor que los Derechos Humanos y la igualdad.

P. ¿Hay vida más allá de la política?

R. Hay toda la vida más allá de la política. Siempre he dicho que soy una mujer moderadamente feliz. No he tenido una vida fácil, pero para mí, que se me murió mi madre en siete días, lo importante es cuidar a las personas que quieres. Y que te puedas ir de un sitio con cierto cariño, como me enseñó mi padre. Yo no sé si me equivoco o hago daño, pero desde luego me gustaría pensar que si lo hago es de forma involuntaria.


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